Es una ciudad pequeña, de casas de madera tradicionales que se combinan perfectamente con las nuevas y modernas estructuras. Es el sitio favorito de salida para todas las expediciones al Polo Norte.

En esta pequeña ciudad, donde también hay sorpresas en cada esquina, se pueden ver las espectaculares luces del norte, o auroras boreales. El Universo fue bondadoso y me regaló con una de brillante color verde la noche del
sábado 08. Estas luces son difíciles de ver en la ciudad por la contaminación lumínica; por lo general se ven en las montañas y en noches despejadas. Ésta la vi cruzando el cielo de oeste a este estando en la ciudad.
Tromsø tiene unos museos espectaculares. Algunos estaban abiertos y otros no. Pude ir al Museo Polar, donde están reseñadas todas las expediciones al polo norte y a Polaria: un acuario bellísimo!!
Aquí probé algo más de la gastronomía nórdica: huevos de pescado hervidos e hígado de bacalao (que por cierto, es blanco, no rojo oscuro como el del resto de los animales). Ambos exquisitos.
En sus nuevas construcciones, Tromsø cuenta con una biblioteca cuya característica principal es que es toda de vidrio y una iglesia hermosísima, pequeñita, pero hermosa que parecen cubos de hielo cayendo unos sobre otros. Esta iglesia, de hecho, se llama la Iglesia del Ártico. La pared detrás del altar es un inmenso vitral que da una luz espectacular al interior de la iglesia (en verano) y que se ve increíble desde afuera, iluminado desde adentro, en invierno.
La verdad es que pasé unos días muy ricos con bestefar en Tromsø. Espero poder volver en primavera algún día.

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