De vuelta en Oslo, las cosas parecen ir más o menos iguales. Digo más o menos porque el clima está medio atolondrado: un día estamos a -4°C, al otro estamos a 3°C y luego al siguiente volvemos a -7°C. Y un patrón más o menos similar puede darse en un mismo día. Una locura. Por lo tanto, la nieve pasa a agua y luego a hielo, o pasa a hielo directamente y las aceras son una pista de hielo interminable. Igual, es divertido.En estos días que me ha tocado ir a buscar a mis sobrinos a sus escuelas (sí, uno está en el kínder y el otro en la escuela como tal y los kínderes - o barnehage - no forman parte del programa), he tomado diversas rutas y descubierto sopresas nuevas. También hubo un día que me fui hasta la ópera y otro que me fui al cementario a buscar el lugar de reposo de uno de mis escritores favoritos Henrik Ibsen, quien



está enterrado en el cementario que está cerca de una iglesia bellísima del siglo XII (de 1100) que se llama Aker Gamble Kirke. Bueno, lo cierto es que además de perderme dentro del cementerio (que es inmenso y estaba tooodo cubierto de nieve y sólo se veían las lápidas verticales), me perdí a la salida cuando buscaba regresarme. Y claro, eso me pasa por no fijarme por dónde entré...pero bueno, así es como se conoce.
En mi búsqueda de una zona que me resultara familiar, le pasé por delante a un hospital que, si no leo que es hospital, ni me entero; a la iglesia de St. Olav y a poco y me tropiezo con un caballero muy elegante que estaba en un banco leyendo el periódico...y que resultó ser una escultura espectacular.
El sábado, Isis y yo nos fuímos a pasear a la zona bohemia de Oslo; un lugar que se llama Grünerlokka. En esa zona se encuentra la escuela de diseño (todos los diseños), hay muchas tiendas de antigüedades, muchos artesanos, los artistas van a comer; en fin, es una zona exquisita para visitar. Una de las puertas de acceso es a través de un puente hermoso que cruza el río Aker el cual, por supuesto, estaba blanco de nieve y congelado. Este puente está custodiado
por cuatro esculturas hermosas en cada una de sus puntas. Isis y yo nos quedamos en esta zona un rato inmenso, comimos aquí y salimos huyendo cuando se desató una nevada bastante fuerte.

En nuestro deambular por las calles de Grünerlokka, se nos cruzó un duende en un estacionamiento para bicicletas. El pequeño ser estaba muy concentrado en regar algo que se escondía debajo de la nieve. (Ya les he dicho que Oslo tiene sorpresas en cada esquina, sólo hay que mirar.)
Las lecciones de gastronomía están suspendidas hasta nuevo aviso porque, como comprenderán, la comedera en diciembre fue anormal y ahora estamos todos a dieta - menos los niños. Pero igual, la dieta es exquisita: yoghurt de todos los sabores que se puedan imaginar, frutas de varios tipos (incluidos cambures, naranjas y mandarinas), vegetales frescos y cocidos, carnes, pescados, cereales no procesados...en fin, una dieta divinísima.
Esta tarde, cuando vaya a buscar a los chamos, espero poder retratar la luna. Es luna llena y aquí se ve cerquita y gorda, grande y redonda como una inmensa arepa. Si no está nublado, haré la foto.
Me voy, los dejo con la vista de la ópera de Oslo. Tengo que pensar en tomarme algo caliente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario